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    Mountaineers for Himalayas Foundation

     

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    Kilimanjaro

    KilimanjaroLA GRAN DAMA DE ÁFRICA
    Ésta ha sido la primera de las 7 cumbres del mundo que he hecho. No es una montaña nada complicada; seguramente la más fácil de las que haré durante todo el proyecto. Desde el punto de vista alpinista no es un gran reto, pero tengo claro que hacer las “7 Cumbres” va mucho más allá de tan sólo superar grandes dificultades. Para bien o para mal, ya tendré tiempo durante toda la aventura de pasar momentos realmente complicados y de tener que superar situaciones límite. En el Kilimanjaro todo es placer. Es una montaña que aporta una experiencia muy exótica para un montañista; diferente de otras expediciones más alpinas. Iniciar las “7 Cumbres” aquí es un punto de partida perfecto para entrar en juego y poder reflexionar sobre los objetivos y el sentido de esta aventura. No tenía decidido plantearme seriamente hacer todo el reto cuando fui al “Kili”, pero seguro que allí se puso la semilla de todo ello al empezar, y ésta ya había crecido bastante al acabar.

    INICIANDO LA RUTA
    Para ir al Kilimanjaro volamos al aeropuerto del mismo nombre, cerca de la ciudad de Moshi. Aquí hicimos la primera noche, y al siguiente día por la mañana, ya nos recogía el Yzack, el guía encargado de nuestra expedición, con su fiel ayudante Edward, para dirigirnos hacia la “Machame Gate”, una de las puertas de acceso al Parque Nacional del Kilimanjaro. En este punto es donde empezó nuestro largo Trekking hacia la cumbre del techo de África.

    Hasta aquí, uno de los principales temas de la conversación era el tratamiento que cada uno había hecho para afrontar el riesgo de contraer la malaria. Estaban los que no se tomaban nada, otros que se lo tomaban todo y todos los días, y una tercera opción que era la de arriesgarse los primeros dos días, evitando al máximo las picadas de los mosquitos, para llegar a los 3.000 metros donde ya no hay riesgo de ningún tipo, y empezar el tratamiento anti-malaria al bajar de la montaña para el resto de la estancia en el país.

    Una vez llegamos a la “Machame Gate” aterrizamos de golpe en una de las experiencias más especiales que aporta esta montaña: el montaje de la expedición. Nunca nos hubiéramos pensado que traeríamos tanta gente de apoyo para ir a conquistar una cumbre de las características de la que teníamos por delante. En el caso de Josep Mª eran 6 amigos en el grupo; y en el de Albert eran 7. Pero en ambos casos, había un montón de ayudantes: Traíamos 2 guías principales y uno como suplente, un cocinero, un encargado de logística y servicio, y 12 ayudantes. Éstos últimos se encargaban de traer todo el material necesario para los 6 días de travesía, más un bulto de unos 30 Kg. para cada uno de nosotros. Cuando iniciamos el camino por medio de la parte más selvática del parque del Kilimanjaro, nos daba la sensación de ser una de aquellas expediciones africanas de principios y mediados del siglo XX. Era un momento muy especial, tanto por la ilusión que siempre se tiene cuando se inicia el camino hacia una nueva e interesante montaña, como por todos los contrastes que nos ofrecía aquella situación. Nosotros íbamos muy bien equipados, como buenos representantes del montañismo occidental. Nuestras ropas, mochilas, botas y demás accesorios eran de lo mejorcito que se puede encontrar, y siempre de marcas bastante reconocidas. Mientras nuestro “Staff”, iba vestido con cualquier cosa, con zapatos viejos y sencillos, y casi siempre, cargando el material en una bolsa o amontonado en un fardo y atado con cuerdas, colocado directamente encima la cabeza. A lo largo de los días te vas acostumbrando a este empacho de exotismo, pero el primer día es realmente una sensación de aquellas que cuestan olvidar. Evidentemente, a todo esto, se añade un paisaje impregnado de naturaleza por todos lados: Una espesa vegetación, algunos bichos poco habituales para nosotros como algún camaleón o unas monas muy simpáticas, y una evolución suave en el desnivel, que nos permitía disfrutar al máximo de todas aquellas delicias.

    De los 1.800 metros de la “Machame Gate”, acabamos la primera jornada en el “Machame Camp”, a 3.000 metros. Aquí montamos el primer campamento repartido entre la vegetación. Después de descansar un poco en la tienda, descubrimos el fantástico sistema de restauración que tendríamos cada día: Una tienda comedor muy espaciosa nos esperaba con un aperitivo a base de palomitas, galletas y té. Seguidamente Rovani, el fantástico cocinero de montaña que teníamos asignado, nos demostró que a lo mejor sufriríamos por otras cosas durante el viaje, pero entre ellas seguro que no habría que preocuparse por comer mal.

    DE LA SELVA AL BALCÓN ROMÁNTICO
    El segundo día de marcha se iniciaba muy pronto, pues aunque sólo ganaríamos 800 metros de desnivel al final del día, subiríamos y bajaríamos bastante durante una larga jornada de trekking. Lo más importante era ir aclimatándose bien para poder hacer los casi 6.000 metros de la montaña sin problemas. La primera parte del día fue transcurriendo aún por la parte selvática, pero más adelante fuimos dejando la vegetación para entrar en una zona ya más árida y propia de alta montaña. El campamento se llamaba “Shira Campo” y estaba a 3.800 m., a pesar de que durante el día ya habíamos superado la altura de los 4.200 m. Para describiros aquel lugar sólo os diremos que si alguna vez os tenéis que declarar a vuestra pareja, escojáis el “Shira Campo” para hacerlo. A vuestros pies tendréis parte de la selva y sabana de Tanzania, con el Mount Merhu al fondo (segundo más alto de África), y un atardecer que entre todos los directores de Hollywood no hubieran podido diseñar. La foto de la puesta de sol de la carátula rotativa de esta web está hecha aquí.

    CON LOS PAPELES MOJADOS
    El tercer día está sacado del perfecto manual para hacer una buena aclimatación: Salimos de 3.800 metros, llegamos a una altura de 4.600 m., y vamos a dormir al “Barranco Camp” a 3.900 metros. Los puntos fuertes del día son llegar a la gran roca de “Lava Tower”, a 4.600 m. que nos permite de paso hacer un poco de escalada que nos sienta la mar de bien; y la llegada al “Barranco Camp”, que como su nombre bien indica, está al fondo de un enorme Barranco, donde se llega haciendo una especie de slalom entre unos árboles autóctonos del Kilimanjaro, que son una especie de híbrido entre un abeto y un cactus, con unas medidas que llegan hasta los 5 metros de alto.

    A menudo ser un occidental en un lugar tan alejado y encantador te hace sentir un poco culpable. Y un hecho concreto que nos lo recordó fue cuando estábamos cenando en la tienda comedor, mientras se puso a llover con cierta intensidad. En aquel momento descubrimos que aquella tienda era donde dormían los ayudantes que cargaban el equipo cuando nosotros acabábamos de cenar. Por suerte, uno de nosotros salió un momento del comedor, y descubrió que los pobres chicos estaban todos afuera sentados, bajo la lluvia cada vez más intensa, esperando a que los señoritos acabaran de hacer la sobre mesa. Evidentemente, nos levantamos de inmediato de las pequeñas sillas plegables donde estábamos cómodamente sentados, haciéndonos incluso pesados de tantas disculpas que después les pedimos.

    JAMBO, JAMBO BWUANA. AKUNA MATATA !
    El cuarto día ya dejaba ver que la cosa iba más en serio: Fuimos a dormir al “Barafu Camp”, a 4.550 metros. Un día largo y bastante duro. Era el día antes de hacer la cumbre, y todos estábamos ya con más cara de concentración. La principal actividad del día, aparte de andar como locos, fue ir practicando con los ayudantes la canción que ellos siempre cantaban y que se convirtió en nuestro verdadero himno durante todo el viaje (y todavía ahora cuando nos encontramos todos los compañeros)…Lo divertido es que era una canción con lengua Swahili, y cómo veréis, dice mucho de la amabilidad y buen carácter de la gente de esta zona:
         ”Jambo, Jambo Bwana (Hola, Hola Señor)
         Habari, Habari Gani (Cómo, ¿Cómo estás?)
         Enzuri, Enzuri Sana (Bien, muy bien)
         Wuageni, Muakaribishua (Invitado, tú eres bienvenido)
         Kilimanjaro, Akuna matata (Al Kilimanjaro, ningún problema)”

    Pero cuando llegamos al campamento, hubo un hecho que a todos nos entristeció: “Barafu Camp” significa “Campo de Hielo”; y esto quiere decir que teóricamente tendríamos que tener las tiendas instaladas sobre el hielo… pero lo único que había aquí eran rocas y más rocas. No hace muchos años aún tenía sentido llamarle “Campo de Hielo”, pero lo cierto es que en los últimos 15 años ha desaparecido en su totalidad. Uno siempre intenta ser positivo y mirar las cosas por la parte constructiva; pero en aquel lugar y con esta fabulosa incongruencia sobre el terreno, no podíamos dejar de pensar que algo debemos de estar haciendo mal cuando en tan pocos años ha dejado prácticamente de haber nieve perpetua por bajo de los 5.400 metros del Kilimanjaro. Aquello que todos conocemos cómo “Las Nieves del Kilimanjaro” se limita ahora a unos cuántos glaciares más bien pequeños y débiles situados en cotas superiores a los 5.400 metros. Unos dicen que es debido al cambio climático global, los otros que es por la acelerada deforestación de los bosques de la zona por parte de la industria maderera, y unos pocos dicen que es algo circunstancial. Sea como sea, ir allá te hace constatar que no tendría que ser verdad el argumento de que el hombre está por encima de todo en la naturaleza. A menudo, siendo en teoría, los seres más inteligentes de la tierra, sólo demostramos ser los más burros, pues en realidad somos unos depredadores sin límite que, abusamos de la naturaleza sin miramientos.

    DÍA DE CUMBRE
    A las 12 de la noche nos levantamos, hacemos un pequeño desayuno rápido, y empezamos a subir con la luz de los frontales hacia la cumbre. La temperatura es de unos -10ºC, pero va bajando a medida que ganamos desnivel. Al principio habíamos dicho que el Kilimanjaro no es una montaña especialmente complicada; pero os aseguro que poca gente había en aquel momento que pensara que estábamos haciendo una cosa sencilla. Superar los 5.000 metros siempre es un hecho delicado. Mucha gente se encuentra mal a partir de esa altura. En el grupo con el qué subió Josep Mª, habían varios que era la primera vez que superaban aquella altura, dos tuvieron fuertes molestias, pero pudieron hacer todos cumbre. Del grupo de Albert, sólo él había estado antes por encima de 5.000 m., y de siete, tres se encontraron muy mal, y uno tuvo que retroceder cuando estaba a 5.150 m. El Kilimanjaro es una montaña muy atractiva para mucha gente que no tiene, a veces, demasiada experiencia en este deporte. Por eso, a pesar de no ser técnicamente complicada, tiene una estadística de personas que no suben muy elevada: Aproximadamente un 25% de la gente que lo intenta.

    El momento clave de la subida final, es cuando se llega al cráter del volcán, conocido en inglés (la lengua vehicular de la expedición) cómo “The Ring”, es decir, “El Anillo”. No lo habíamos comentado, pero el Kilimanjaro es un volcán gigante, con un cráter enorme, en los extremos del cual sobresalen tres picos, en los que el “Kibo”, con 5.895 m. es el principal. Una vez llegamos al cráter, todo se pone de cara; es de día y ya estamos a 5.730 m. y sólo nos faltan unos 160 m. durante unos 3 Km. de marcha suave para lograr la cumbre.

    Una hora y media más de caminata, y ya estábamos en el punto culminante de África. Cómo siempre, es un gran momento. Para muchos de los que formaban nuestros grupos respectivos, aquello supone una de sus máximos hitos que harán nunca en montañismo; pero seguramente para nosotros dos, aquel momento más que el punto culminante de un proyecto, sólo era el inicio de otro mucho más importante.
    La bajada se hace directa hacia el “Barafu Camp” de nuevo, para poder almorzar bien y descansar un buen rato, pues no se hace noche allá, si no que se continúa bajando hasta el “Mweka Camp”, a 3.100 m. donde haremos la última noche de la expedición.

    CELEBRACIÓN Y FINAL DE ETAPA
    Llegados al “Mweka Camp” nos encontramos con la siempre agradable sorpresa de que tenían instalado un precario bar, donde nos pudimos dedicar unas cuántas cervezas como celebración del trabajo bien hecho.

    Más tarde, aparte de una buena cena, no se sabe bien si por efecto de las cervezas, de los repentinos cambios de altura o de la alegría general (suponemos que un poco de todo ello), se organizó una larga sesión de danzas compartidas con todos los miembros de la expedición…¡Y de verdad que había alguno de nosotros que bien pintado de color negro, hubiera podido pasar tranquilamente por un nativo de la zona!
    Hemos dicho final de Etapa, porque siempre que se viaja tan lejos y, sobre todo, a un país tan interesante como Tanzania, vale la pena aprovechar para hacer otras cosas: El grupo de Josep Mª fue a hacer un safari por los parques naturales de Tarangire y N’gorongoro. El grupo de Albert fue al N’Gorongoro y al Manyara y, además, hizo una excursión con bicicleta de montaña por la parte perimetral del Parque Nacional del Kilimanjaro, justo por una zona preciosa y, a la vez, totalmente alejada de los circuitos turísticos. La verdad es que hacer el Kilimanjaro fue guapísimo, pero estos días en bici fueron extraordinarios y nos permitieron conocer mucho mejor la realidad de los pueblos y civilizaciones de la zona; especialmente en lo que se refiere a los Masai, pues la zona del norte del Kilimanjaro, hasta la frontera con Kenia, está muy poblada por estas tribus y, por suerte, no están demasiado en contacto con turistas, por lo que la convivencia con ellos fue muy intensa y próxima.

    Lástima que todo se acaba…Pero si lo has disfrutado con intensidad y uno ha podido acumular un montón de experiencias, realmente no se acaba nunca.

    Altitud: 5.895 m.
    Localización: Parque Nacional del Kilimanjaro – Moshi – Tanzania.
    Principales dificultades: La altura.
    Fecha cumbre: 25 de Septiembre 2006