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    Mountaineers for Himalayas Foundation

     

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    Llistat de noticies:

    Mt. Vinson

    EL PUNTO MÁS ALTO DEL CONTINENTE HELADO

    10.Vista Gral.Mt.Vinson (Des de Avioneta)

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Sólo descubrir la Antártida, al igual que me pasó con la isla de Papua para escalar la Piràmide de Carstensz, habrá sido ya, por sí mismo, un hacho que justifica haberme liado con este proyecto de subir a las “7 Cumbres del mundo”.

    Este lugar de nuestro planeta dónde, a priori, no hay nada, te muestra que si te das la oportunidad de conocerlo un poco, es de una riqueza impresionante. Es un lugar clave para el clima de todo el mundo; es un lugar que esconde muchos secretos geográficos y geológicos; es un lugar que representa un oasis de paz y ciencia en un entorno planetario dominado por las luchas territoriales, de religión y de poder; y es un lugar de una belleza y una personalidad tan imponente, que te cautiva en muchos sentidos si tienes la sensibilidad mínimamente predispuesta.

    El objetivo de escalar el punto más alto de este inmenso desierto helado, me habrá permitido hacer una aproximación a lo que representa este séptimo continente, tanto para el mundo en general, como para la gente que allí vive de una forma más o menos puntual, como para mí mismo, ya que estoy convencido que no será, de lejos, la última vez que programo alguna aventura por aquí abajo.

    INICIO DE LA EXPEDICIÓN

    1.Ilyushon Out

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Uno de los puntos más complicados del proyecto de subir al Mt.Vinson, es poder entrar y salir de la Antártida.

    Ya conseguir la aceptación para poderse juntar a alguno de los grupos admitidos cada año para subir a la montaña, es bastante dificultoso. Para tener garantías de poder estar, se debe hacer la solicitud casi un año antes, pues hay algunas temporadas que las demandas sobrepasan al número limitado de escaladores o expedicionarios admitidos, y luego te quedas en la cola para la siguiente temporada.

    Una vez confirmada la plaza, uno se tiene que presentar en Punta Arenas (Chile) un mínimo de dos días antes de la fecha prevista para su vuelo antártico, pues debe atender a un briefing con instrucciones precisas de cómo comportarse una vez esté en la Antártida. Después de la reunión informativa y de una revisión exhaustiva del material para asegurase de que haya el mínimo imprescindible para la seguridad de los montañeros en las duras condiciones del lugar, y de que está lo bastante limpio como para que no haya riesgo de contaminación de aquel lugar tan frágil, nos quedamos pendientes de que nos avisen para poder volar.

    Volar o no volar se convierte en la gran película de suspense tanto para entrar como para salir de la Antártida.

    Se vuela en un avión de carga “Ilyushin” de fabricación rusa, muy apreciado para vuelos en lugares de guerra o con geografías muy complicadas. Es un pequeño monstruo que necesita unas condiciones muy concretas para poder hacer el viaje:

    - Viento inexistente o bajísimo, para no desviar el avión al aterrizar.
    - Temperatura inferior a los -6ºC, pues por encima la pista resbala demasiado.
    - Una buena visibilidad para poder apreciar el contraste de la pista al aterrizar, pues toda la maniobra se hace visualmente.

    Si se dan estas condiciones, la organización nos avisa con 30-45 minutos de anticipación, para recogernos en nuestro hotel y llevarnos al aeropuerto para embarcar. Después de 4h30′ de viaje, el avión aterriza en una pista de hielo puro de unos 10 km., de los que necesita entre 4 y 6 para pararse, pues no puede frenar ni con los frenos de las ruedas, ni con los propulsores invertidos, para evitar cualquier posible maniobra brusca que hiciese resbalar el avión sobre el hielo y provocase una catástrofe.

    Nosotros tuvimos bastante suerte (por lo que fui viendo después), y el vuelo sólo se demoró un día respecto a la fecha prevista. El 28 de noviembre a las 9h nos avisaban, y a las 16h aterrizábamos en la base Chilena-Norte Americana de Patriot Hills.

    Llegar allí es el primer shock antártico: Todos abrigados a tope, temperatura de unos -17ºC, una pista de hielo a los pies extremadamente resbaladiza, y la cosa que se pone en marcha en serio.

    Comemos un poco en la tienda de la organización de la base, y aprovechando que las condiciones del tiempo son muy buenas, empalmamos con el vuelo de la avioneta hasta el glaciar de ‘Branscomb’, dónde está situado el Camp Base del Vinson, a 2.100m. de altura. Es aproximadamente una hora de vuelo, y llegamos hacia las 21h del mismo día 28.

     
    EN MARCHA HASTA EL CAMPO I

    13.Camp Base a Camp I

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    14.Camp I (3)

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    El 29 de noviembre nos levantamos con calma, pues la buena hora para empezar a moverse en esta montaña es siempre cuando ninguna cumbre hace sombra al sol que siempre, día y noche, tenemos encima, ya que esto supone una temperatura excesivamente baja e incómoda para moverse. En el campo base, la buena hora para arrancar es alrededor de las 11h, cuando el sol ya ha dejado de estar tapado por las paredes imponentes que tenemos detrás. Entonces preparamos todo el material para salir, unos utilizando trineo y los otros no (Yo opté por no coger y cargar más la mochila, ya que únicamente podíamos usarlo en la primera jornada)
    A les 15h empezamos a caminar glaciar arriba, haciendo una parada en el “Half Camp” o campo intermedio, de unos 20 minutos, para llegar al “Low Camp” (Camp Bajo o Campo I), situado a 2.850m. hacia las 20h. Aquí empieza un ritual que tenía muy bien aprendido de la escalada al Mc.Kinley: Montar tiendas, hacer muros de ladrillos de hielo para protegernos del viento, hacer un buen agujero y montar el toldo especial que nos servirá de cocina/comendor, ponerse el antifaz anti-luz, y a dormir…

    El día siguiente, a pesar de que hace muy buen tiempo, optamos por no movernos del Campo I y aprovechar para aclimatar un poco acercándonos a un collado situado a una horita y media de marcha.

    Uno de los principales detalles a tener en cuenta cuando se está de expedición en la Antártida es que las normas, y más que las normas el propio compromiso personal de cada uno, exigen recuperar toda la basura y los restos sólidos propios (caca en lenguaje del pueblo). Esto es más complicado de lo que pueda parecer, pues requiere aprender, de entrada, a hacer pis antes de hacer lo otro, pues si no se acumularía la orina en la misma bolsa que el sólido elemento, se congelaría, y al retornarse a Chile se fundiría, suponiendo una asquerosidad mayúscula, como ya os podéis imaginar. Por ello, si que se puede hacer pipi en el hielo, pro usando siempre el mínimo de lugares posibles durante la expedición. De esta manea, existe el compromiso firme por parte de todos los montañeros, de que sólo se hará pis en un agujero previamente establecido en cada campamento, y durante el trayecto, si se tiene necesidad de orinar, utilizaremos la botella que ya llevamos siempre a tal efecto para la noche.

     

    HASTA EL CAMPO DE ALTURA

    20.Aresta

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    23.High Camp (2)

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    El día 1 de diciembre recogemos todos los trastos y nos encaminamos hacia el campo de altura, que lo situamos a 3.950m., justo al final de la arista que observábamos encima del Campo I.

    Para llegar allí, tenemos que remontar un poco más (unos 20 minutos) el glaciar de Branscomb dónde nos encontrábamos, para subir a la cresta superior por una fuerte pendiente, dónde una parte está equipada con cuerdas fijas. Tardamos unas 4 horas en llegar a la arista, y luego nos quedan todavía un par de horas más para encontrar el emplazamiento dónde tendremos que instalar el campamento.

    Aquí estaremos luego toda una jornada de recuperación para preparar ya el ataque final al día siguiente.

    EL ATAQUE FINAL

    26.Cim Mt.Vinson 4.892m. (3-12-09)

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Salimos el día 3 de diciembre a las 10h20, enfocando el largo plateau que nos llevará hasta debajo de la arista final, y que tardamos unas 4 horas en cruzar. Con un par de horas escaso de más, nos plantamos en la cumbre del Mt.Vinson. Exactamente a las 16h05 estamos en el punto culminante de la Antártida y, para mí, el sexto objetivo de mi proyecto.

    A pesar de que el día es magnífico, con mucho sol y nada de viento, en la arista final la temperatura baja mucho y en la cumbre tenemos que estar equipados con toda la artillería pesada. Podemos estar casi una hora en la cima, tomando fotos y gozando de un paisaje claro y absolutamente espectacular.

    Durante la ascensión del último tramo, constato la absoluta veracidad de que la densidad del oxígeno en la latitud dónde nos encontramos, es mucho menor que en otras zonas del planeta, y el esfuerzo que requiere subir a esta altura es muchísimo superior al de cualquier otra montaña parecida de Europa. Sirva como ejemplo el Mt.Blanc, que tiene casi exactamente la misma altura, y al que yo subo prácticamente sin aclimatar, cuando aquí esto sería imposible. Consultándolo luego con guías y expertos en esta montaña, estimamos que la altura sería equivalente a unos 5.600 o 5.700 metros en Europa.

    También hay que destacar que todos estos días hemos tenido el lujo de estar totalmente solos en la montaña. Nuestro grupo de 6 alpinistas más el Sherpa Nangya (Nepalí que trabaja aquí en el invierno suyo), que estaba en el Campo Base y que nos ha querido acompañar, éramos la primera expedición en entrar en la montaña esta temporada. Dos días más tarde tenemos a un grupo americano que sólo nos cruzaremos en la bajada. Así pues, somos los primeros en hacer cumbre en el Vinson este año… Una experiencia bonita e impresionante, comparando con otras montañas más concurridas.

    En otro par de horas más nos plantamos de nuevo en el Campo de Altura.

     

     RETORNO AL CAMPO BASE

    6.Avioneta (7)

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    El día siguiente a cumbre madrugamos bastante, hablando en horario Antártico, y a las 9h nos ponemos en marcha para intentar llegar al Campo Base antes de las 15h, pues por radio hemos tenido noticia de que una avioneta aterrizaría allí a aquella hora para rescatar a un escalador que estaba haciendo una cumbre cercana, y que se ha roto un brazo al desprendérsele una roca. Si no cogemos esta avioneta, tendremos que esperar al grupo americano que está hoy subiendo hacia el Campo de Altura.

    Sólo hacemos una parada en el Campo I, dónde nos cruzamos con la expedición de los americanos, y a las 14h llegamos al Campo Base, teniendo tiempo sobrado todavía de comer algo antes de que nos recoja la avioneta.
    A la vuelta a Patriot Hills, tenemos la suerte de hacer una parada logística, para dejar algo de material, en el glaciar ‘Union’ (Union Glacier), dónde hay un equipo haciendo prospecciones de cara a trasladar toda la Base de Patiot Hills en la próxima temporada. El motivo es que aquí los vientos son mucho mejores para acoger vuelos transantárticos, que son el principal dolor de cabeza tanto para expedicionarios como para científicos de cara a programar sus proyectos. Ver por unos minutos este vasto espacio desierto con cuatro tiendas plantadas y 5 locos colgados allí durante semanas haciendo todo tipo de medidas, fue un detalle del todo interesante.

     
    7 DÍAS EN PATRIOT HILLS

    3Bis.Patriot Hills

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     
    El día 4 de diciembre, nada más aterrizar de nuevo en la base Chilena-Norte Americana, nos apretamos una buena y copiosa cena. Nos instalamos en unas tiendas muy cómodas que tienen preparadas para invitados, y nos disponemos a cambiar el chip para estar aquí esperando un mínimo de 5 o 6 días. El avión ruso Ilyushin había volado el día antes, y no había ningún nuevo vuelo previsto hasta el próximo jueves día 10. Raramente se vuela más de una vez por semana, pues hacer desplazar a este avión cuesta una millonada de dólares, y siempre miran de tenerlo lleno de pasajeros, pues sólo caben 32 y, si además fuese medio vacío, el coste no se absorbería de ninguna manera.

    En Patriot Hills me encuentro de coña. Se está cómodo; uno tiene la ocasión de estar tirado en medio del desierto antártico; hay gente muy interesante entre los expedicionarios, científicos, trabajadores, militares y algún turista de lujo; y me aporta una tranquilidad y serenidad brutal que me permite tener tiempo de altísima calidad para pensar, leer y, sobre todo, escribir un montón de cosas.

    Esta semana en la Base ha sido muy tranquila a nivel de actividades. Sólo he ido un día a correr y otro a hacer una excursión en moto de nieve y a subir a una montaña cercana. Pero ha sido muy, muy activa a nivel mental… además, una vez más, me ha supuesto un curso de conversación en inglés que no se paga con dinero.

    El único pequeño estrés que he tenido esta semana han sido las dudas de participar o no en la “Antarctic Ice Marathon” que se hacía, teóricamente el fin de semana del 12/13 de diciembre (Justo al llegar el siguiente avión con los participantes de la carrera). Inicialmente, al tener conocimiento de ello, quería forzar al máximo para poderme quedar. Incluso conseguí el equipo adecuado entre cosas mías y otras prestadas por gente de la Base, y ya había salido a entrenar para conocer la sensación especial de correr sobre hielo, con una temperatura bajísima y una percepción del contraste bastaste justa. Pero al final, cuando ya estaba casi decidido del todo, me tiré para atrás, pues por muy especial y única que fuese aquella Maratón, me suponía ya casi más sacrificio que placer. Para sólo un día de carrera tenía que quedarme casi una semana más y, incluso arriesgarme a demorarme más o, quizás, poder llegar a tener que pasar la Navidad allí en caso de mal tiempo, como fue el caso de los participantes de la Maratón del año anterior. Las ganas intensas de ver a la familia, las responsabilidades de trabajo, la proximidad de la Navidad y, sobre todo, que no se trataba, en ningún caso, de un objetivo principal o previamente previsto, me hicieron desistir y tomar una decisión un poco adulta y responsable; que de vez en cuando, tampoco hace daño.

    Sea como sea, lejos de hacérseme pesada esta semana parado en la base de Patriot Hills, me ha supuesto un relax y un enriquecimiento mental increíble. De verdad que entre la hiperactividad neuronal que siempre se me dispara después de una cumbre, y el ambiente tan especial de este lugar, he escrito, reflexionado y trabajado conceptos, que estoy seguro que me habrán sido fundamentales para mucho tiempo o, incluso, y sin exagerar ni un pelo, para toda la vida.

    He podido disfrutar durante un breve período de tiempo, pero bastante intenso, de este vasto continente helado. Y debo decir que la sensación que he tenido ha sido casi calcada a cuando estuve por primera vez en el Sahara: Atracción, enamoramiento, plenitud, sueños, ganas de volver….

    Al subir de nuevo sobre aquel monstruo volador ruso que se desplaza fantasmagóricamente sobre el hielo azul de la Antártida, tenía un placer amargo. Por un lado estaba muy contento por los objetivos conseguidos y por volver a casa a abrazar a la familia. Y por otro estaba abandonando un lugar con la consciencia de que me habría marcado para siempre, y con la convicción de que volvería, seguro, a compartir allí alguna nueva experiencia.

    3.Ilyushon on Ice

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Altitud: 4.892 m.
    Localización: Cordillera Ellsworth – Antàrtida
    Principales dificultades: Frio extremo – Duras condiciones de expedición – Elevados costes y logística para el acceso a la montaña
    Fecha expedición: 3 de Diciembre de 2009